Al pensar en las personas que son parte de una pandilla generalmente viene a la mente la imagen de hombres con mirada de asesino, con cuerpos inundados de tatuajes y armados como si fueran a la guerra, pero ahora eso no es precisamente así, pues en las maras los menores y mujeres son cada vez más y tienen un papel fundamental en esos grupos.
De acuerdo a la investigación reflejada en el informe “Situación de las Maras y Pandillas de Honduras 2010-2011” elaborado por el PNPRR (Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social), con el apoyo de Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), el cual se realizó durante el período comprendido entre septiembre de 2010 y enero del 2011 se contabilizó que en las pandillas hay 3,409 niños y jóvenes a nivel nacional que son integrantes varones activos y en libertad, de los cuales 1,651 (48%) pertenecen a la Mara Salvatrucha y 1,655 (49%) son de la Pandilla 18 y 103 (3%) a otras pandillas.
Estos son usados para cometer asesinatos, robos, extorsiones, cobrar impuestos de guerra y otras labores que antes solo hacían los adultos.
Marlene Banegas, coordinadora de Fiscales de San Pedro Sula, declaró que es evidente que las pandillas han encontrado en los niños sus “ejecutores” perfectos.
“Hemos observado de manera detenida la proliferación de las pandillas en Honduras, vemos que ahora están siendo utilizados los niños ya que estos se encuentran sometidos a una legislación especial, no solo por las leyes hondureñas sino también por las convenciones internacionales como los derechos del niño, por lo tanto no hay pena para esos menores, sino que solo hay sanciones socio-educativas.
Es por esto que en las pandillas están utilizando a muchos menores , porque sus hechos ilícitos no son sancionados con penas, sino con medidas socioeducativas”, indicó.
Entrenados para matar
La coordinadora de fiscales agregó que entre el 80% y 90% de los requerimientos fiscales que presentaron en el primer trimestre de 2012 son de casos en que estaban involucrados pandilleros o menores de edad.
“Hemos observado que en casi todas las escenas de los hechos de más trascendencia y de impacto siempre está vinculado un menor. A veces registramos a través de video la participación de los autores y siempre anda un menor de edad, y casi siempre es el que utilizan. Lo entrenan, lo adiestran en el uso de armas y luego es él quien ejecuta las acciones. Usar menores de edad es una estrategia porque a ellos se les dan penas especiales”.
La tormenta perfecta
Héctor Espinal, responsable de los programas de infancia, adolescencia y juventud de Unicef en Honduras, afirmó que en el país se dan las condiciones para que las pandillas atraigan a muchos menores.
“En esta población de menores que no tienen acceso a la educación ni a trabajo, las pandillas, el narcotráfico y el crimen organizado encuentran las condiciones perfectas y un terreno fértil para reclutar a jóvenes y adolescentes a quienes usan para sus trabajos relacionados con droga o diferentes crímenes”. Espinal manifestó que con el informe de maras y pandillas se pretende iniciar un cambio en Honduras.
“El informe sobre maras y pandillas en el país es para llamar la atención y hacer ver que es necesario que el sector educativo y la sociedad hondureña unan todos sus esfuerzos en atraer a los jóvenes al buen camino y no dejar que sean parte de grupos criminales”.
Mujeres en las pandillas
El estudio de maras y pandillas en Honduras revela que las mujeres representan alrededor del 20% del total de integrantes activos de maras y pandillas que se encuentran en libertad, esto significa que de los 4,281 integrantes de pandillas que hay en el país, un total de 872 son mujeres.
Previsiblemente, la mayoría de ellas están adheridas a la pandilla MS y a la pandilla 18, representan el 52% y 45% respectivamente.
El 3% restante están aglutinadas en la Mara Organizada Ganster, West Side y mara 61. En los datos proporcionados para la Unidad de Maras y Pandillas de la DNIC (Dirección Nacional de Investigación Criminal), aparecían para enero del 2011, cuatro mujeres privadas de libertad que se encuentran en la Penitenciaría Nacional Femenina.
El rol de la mujer en la pandilla
El rol de la mujer en la pandilla, denominada “jaina” por los pandilleros, es diferente al de los hombres; en este ambiente, como en muchas sociedades conservadoras la mujer no goza de los mismos derechos que los hombres y generalmente son utilizadas para realizar funciones que resulten menos complicadas, por ejemplo, trasladar algunas cosas de un lugar a otro: armas, drogas, dinero, mensajes, o bien, se convierten en las caras visibles para realizar cobro de impuestos de guerra en algunos tipos de negocios.
En los sectores donde se les ordena operar deben dedicarse a vender drogas, recoger el dinero del impuesto de guerra en las terminales de buses y taxis y el peaje en algunos negocios pequeños, por lo tanto, también están más expuestas a ser identificadas y detenidas por la Policía y a ser victimizadas.
Las mujeres en las pandillas deben dedicarse a los menesteres cotidianos, como la elaboración de alimentos para el grupo y demás quehaceres domésticos.
Las mujeres pueden o no tener tatuajes, solo se les puede identificar por el uso del caló, sus gustos musicales, y las señales que hagan con los brazos, manos, dedos, y el movimiento corporal.
Pandilleras en las cárceles
Karla Zavala, directora del Cefas (Centro Femenino de Adaptación Social) que está en Tegucigalpa y en donde hay recluidas mujeres identificadas con algunas maras, expresó que han separado a las pandilleras para reducir su influencia.
“Cuando yo llegué al Cefas todas las mujeres que pertenecían a pandillas estaban juntas, pero yo tomé la medida de separarlas y distribuirlas entre toda la población, a ellas las tratamos de manera igual que las demás, pero al separarlas evitamos que formen grupos de liderazgo”.
Zavala informó que debido a la falta de fondos, prácticamente no hay programas de rehabilitación.
“En el centro hay unas 180 mujeres, entre estas tenemos tres pandilleras y unas 15 que son “hommies” o que son pareja de pandilleros, lamentablemente el Estado carece de recursos para implementar programas de rehabilitación en el centro, no se puede pagar a personal que dé este tipo de asistencia, del presupuesto que nos dan apenas quizás un 20% está destinado a las actividades de rehabilitación”.
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